viernes, 19 de mayo de 2017

El vaso medio vacío

Lo reconozco, no soy una persona precisamente optimista. Tampoco me considero el colmo del pesimismo, pero es cierto que pensar en positivo no es algo en lo que destaque especialmente. Últimamente me ha dado por plantearme si tal vez los mayores errores que he cometido o las buenas oportunidades que han pasado ante mis ojos sin pena ni gloria se deberán a esta actitud tan derrotista que a veces no puedo evitar tener. Y, aunque bien es cierto que a veces lo veo todo muy negro y me cuesta vislumbrar algo de luz allá a lo lejos del túnel, al final, por muy enfadada que esté conmigo misma, siempre sigo adelante con lo que lleve entre manos. Si realmente me merece la pena, claro.

Yo sé que pensar en positivo es sano para la mente y para el corazón, pero a veces cansa demasiado. Me cansan las frases del tipo "algo bueno vendrá", "ya tendrás otras oportunidades, "seguro que todo saldrá bien". Porque no todas son reales, porque la vida a veces te lleva por donde menos imaginas y todo se tuerce. Y no pasa nada, demonios. Asumir el fracaso, la derrota, la frustración, también forma parte de nuestro recorrido vital, de las experiencias que vamos sumando día a día. Errar en aquello que tanto anhelábamos no es el fin del mundo, pero parece que tendemos a evitar recrearnos por un tiempo en nuestros propios errores, en aquello que hicimos mal o que podríamos haber hecho muchísimo mejor. Somos humanos; nos equivocamos, metemos la pata, nos precipitamos y en ocasiones no actuamos cuando debemos hacerlo. Las cosas no siempre salen bien, ni como lo habíamos planeado exactamente, y tampoco está tan mal. 

Quizás el problema realmente esté en que no estamos acostumbrados a lidiar con el lado gris de la vida. Y es comprensible, claro que lo es. Por instinto, tendemos a buscar la parte más fácil de cada situación, buscamos cobijo en aquéllo que nos resulta amable, esperanzador, alegre, prometedor. Nos asusta lo oscuro, la derrota, el fracaso, lo que no promete nada. Es por ello que siempre miramos al horizonte, buscando un atisbo de luz, algo o alguien que nos asegure que todo saldrá bien, que las cosas se resolverán de la mejor manera posible. Lo que sucede es que no siempre termina siendo así... y tampoco pasa nada.

No es malo ver el vaso medio vacío, prever un final catastrófico para una situación concreta, anticiparnos con más miedo que ilusión a algo que no termina de pintar bien. Los pesimistas medio realistas también existimos, y luchamos por hacernos un hueco en este mundo harto de filosofía coelhista y merchandising de Mr Wonderful. A veces lo intentas con todas tus fuerzas, luchas, te ilusionas, pones todo de tu parte, y las cosas salen mal. Y no pasa nada. No hace falta que le pongas "una nota de color a los días grises" ni que pienses que eres el mejor en lo que haces porque, ojo, posiblemente no lo seas. Y tampoco pasa nada, porque no tienes que serlo; nadie te lo exige. No compites con ninguna otra persona más que tú mismo. Caer está permitido, forma parte de las reglas del juego. Y tienes derecho a la pataleta, a cabrearte con el resto del universo,  a acostarte a las cinco de la mañana con los ojos hinchados de Teletienda y sobreexceso de azúcar. Permítete regodearte en tu propio fracaso, asumir que sí, que esta vez lo has hecho mal, que te has equivocado. Y después, sigue con tu camino. Haz las cosas lo mejor que puedas y sepas. Y si realmente te merece la pena, vuelve a intentarlo. 

Aprende a navegar en tu vaso medio vacío.


2 comentarios:

  1. Te aplaudo fuerte. sabes que me da mucho por culo el plan de "todo va a salir bien" porque no es así. O el "si me esfuerzo lo suficiente puedo conseguir todo lo que me proponga" Porque tampoco. Proponte volar y luego me lo cuentas a ver, capullo. Hay que ser realista. Y eso no implica rendirse ante todo, implica aceptar el lado negativo de las cosas, los límites, los errores. No nos enseñan a lidiar con la frustración y eso no es bueno, porque la vida te lo va a enseñar antes o despúes y a hostia limpia.
    En fin, ya sabes. Un beso enorme.

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  2. No todo es blanco o negro, a veces las cosas no salen bien, y no pasa nada.

    Un beso enorme, bonita.

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